Lof Retamal denuncia el secuestro de animales por parte del municipio de Cipolletti
Efectivos de la División Montada de la Policía de Río Negro ingresaron al territorio de la comunidad mapuche Retamal y se llevaron tres equinos. El operativo en la Isla Jordán, Cipolletti, profundiza un conflicto que escaló en diciembre de 2025, cuando el Estado municipal ya había despojado a la comunidad de la totalidad de su ganado.
Texto y fotos: Jaime Carriqueo
Violencia institucional y hostigamiento
En comunicación con Infoterritorial, Carlos Retamal, lonco de la comunidad, detalló que el viernes 10 de abril, alrededor de las 14:30 hs, la policía y representantes municipales secuestraron una yegua y dos potrillos pertenecientes a la familia de Mercedes Retamal y Hugo Espinosa.
“Nos dijeron que se los llevaban por no tener marca ni señal, pero los animales están inscritos en el RENSPA y el trámite de marca está en curso. Es un proceso complejo y, por falta de voluntad política, todavía no pudimos terminar ese trámite”, explicó Retamal.
Sin embargo, la notificación oficial justifica el operativo alegando que los animales estaban en la vía pública. La autoridad comunitaria desmintió esta versión: “Es falso; a los animales los sacaron de adentro del territorio comunitario. Ingresaron ilegalmente sin orden escrita y cortaron la soga con la que estaban atados; después de eso hicieron un acta de infracción firmada por la policía. Sabemos, por lo que hemos averiguado, que la orden la dio Defensa Civil”.
Tras el procedimiento, Mercedes Retamal sufrió cuatro descompensaciones sucesivas frente a la dependencia policial mientras reclamaba por sus animales. Testigos denunciaron que el personal de la División Montada no solo omitió solicitar asistencia médica, sino que respondió con burlas y risas ante el estado crítico de la mujer. Fueron sus propios familiares quienes debieron asistirla ante la pasividad de los uniformados.

Permanencia para evitar el traslado
La comunidad mantiene una guardia permanente frente a la sede policial en la Isla Jordán para impedir que los equinos sean trasladados a Paso Córdoba, en General Roca. El temor se fundamenta en una experiencia previa cuando, en diciembre pasado, parte del ganado trasladado a los predios de la Sociedad Rural en esa localidad murió por falta de alimento y maltrato. “Si los llevan allá, no van a volver. Ya nos pasó y es un dolor terrible para la comunidad”, sentenció el lonco.
Retamal recordó que el 11 de diciembre de 2025 la comunidad sufrió un “allanamiento ilegal” en el que secuestraron cinco equinos, un burro y 75 chivas que aún no han sido recuperados. Tras 21 días de protesta frente al municipio sin obtener respuestas, la comunidad se trasladó a Viedma con la esperanza de hallar una solución. Sin embargo, el lonco detalló que en la capital provincial se deslindaron de los secuestros, derivando la responsabilidad al fiscal o al intendente, quienes a su vez sostienen que el asunto compete exclusivamente a la Secretaría de Ganadería.
Los animales secuestrados pertenecen a Hugo Espinosa, quien con 68 años no se resigna a perderlos. Mientras calienta su cuerpo con un té en compañía de uno de sus hijos en el ingreso al predio de la Policía Montada, relata con tristeza el estado del piño de chivas que se llevaron a fin de año: “Fue semanas antes de las fiestas; había chivitos de 6 y 8 kg listos para carnear y vender. Algunas chivas son melliceras; con eso nosotros compramos el forraje para el resto de los animales. Eso es un ingreso importante para nuestra economía”, afirma Hugo. Además comenta: “Si hasta a nuestra perrita ‘chivera’ se la notaba triste; se la pasaba adentro de la casa durmiendo, o cada tanto se iba al corral y se echaba ahí; apenas comía”. Y agrega: “No me voy a ir de acá sin mis animales”.

“A los pocos días de aquel operativo nos hicimos presentes en el lugar donde fueron trasladados, ahí en los corrales de la Sociedad Rural de Paso Córdoba, y nos encontramos con gente vestida de traje dando vueltas por el lugar, mientras otros carneaban un chivo”, agregó Luciana Castillo, huerquen de la Lof.
Las pérdidas y daños económicos para la comunidad han sido más que importantes. Durante la permanencia frente a la municipalidad, tres integrantes de la Lof perdieron su trabajo, y en esta nueva guardia que han montado, la rutina familiar otra vez se ha visto alterada. “Nosotros ahora deberíamos estar levantando fruta del piso para industria; entre los cuatro nos estaba yendo muy bien. Van a tener que seguir las mujeres solas así nosotros seguimos acá cuidando nuestros caballos”, expresa Hugo con algo de resignación. Pero también se nota en él la firme convicción de estar haciendo lo que tiene que hacer, aun soportando las duras inclemencias del tiempo, sin la posibilidad de hacer fuego o montar una carpa, durmiendo en el piso envueltos entre pilchas y un nylon que los protege de la humedad del suelo y el rocío. Tampoco cuentan con la indumentaria y el calzado adecuados para soportar la lluvia y el frío que ya se hace sentir en la zona conocida como Isla Jordán, a metros del “Chraün Co” (encuentro de aguas), allí donde confluyen los ríos Limay y Neuquén para dar origen al Cür’rüg Leüfü (Río Negro).
Trasfondo: un proyecto inmobiliario-turístico
La Lof Retamal sostiene que esta persecución responde a un plan sistemático para liberar las tierras a orillas del río Neuquén. Según denuncian, el intendente Rodrigo Buteler busca avanzar con un proyecto turístico e inmobiliario en el espacio que la comunidad ocupa ancestralmente. El operativo represivo del año pasado derribó con maquinaria pesada varios metros de alambrado.
Acá, en esta parte del territorio, se asentaron hace más de sesenta años Pedro Retamal y Doña Rosa, reconocida lahuentuchefe (conocedora de la medicina ancestral) que era visitada por la población de la ciudad para atenderse con ella. Incluso, varios de los que estuvieron presentes durante el operativo habían estado en algún momento de sus vidas en el patio de la casa, y hasta con un lugar en la mesa para compartir el alimento. Aun así, el intendente Buteler, denunciando “usurpación”, insiste con desconocer a las familias que se están haciendo cargo plenamente de su identidad al conformarse en una Lof. ¿El justificativo? Nada nuevo; lo mismo de siempre: el discurso racista y negacionista que pulula en esos espacios de poder; discursos que sirven para formar la opinión pública que termina avalando este accionar en su política de despojo, saqueo y entrega del territorio como han hecho siempre.

Los restos de un viejo alambrado levantado por Pedro son testimonio de una ocupación de varias décadas atrás; acá nacieron sus hijos y hoy juegan sus nietos, que son diecinueve. Pu pichi que che (las y los niñas/os) estaban presentes cuando el ilegal operativo de desalojo, plagado de pertrechos y uniformes, se hizo presente. “Los caballos que se llevaron eran mansos, de andar; los chicos estaban siempre andando a caballo por el patio, era su diversión”, comenta Adriana, quien es la madre del lonco de la comunidad.
Como siempre, los operativos están viciados de irregularidades: no se notificó a la comunidad, tampoco a los organismos estatales que debieron estar presentes, como la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia (SeNAF) o el Consejo de Desarrollo de Comunidades Indígenas (Co.De.C.I.), entre otras tantas omisiones. El temor en los más pequeños aún no se ha ido y quedará por mucho tiempo en ellos; un tráiler en el frente de la comunidad aloja una guardia permanente de policías y por allí deben pasar las infancias y sus madres para ir y volver de la escuela.
Un accionar idéntico se dio siempre que el gobierno intentó desalojar o reprimir a una comunidad en su territorio. “Este accionar no es nada nuevo para nosotros. Nuestros mayores recordaban hace poco en un ‘Chraün’ (reunión de comunidades) cómo en Mencué (localidad del centro-oeste rionegrino), en la década del treinta, la Sociedad Rural, aplicando la fuerza con la Policía Fronteriza, avanzó sobre los campos porque quería ocuparlos. Nuestra gente fue obligada a darle sus animales a los terratenientes de aquella época, todos nombres y apellidos conocidos a la fecha. Y acá nos hemos enterado que los animales secuestrados a la comunidad Retamal iban a ser donados a la misma organización que históricamente nos ha perseguido y criminalizado para apropiarse de grandes extensiones de campo”, manifestó Orlando Carriqueo, integrante de la mesa ejecutiva del Parlamento Mapuche Tehuelche de Río Negro por la zona valle.

Se sospecha que hay intereses turísticos y recreativos en un proyecto que la intendencia buscaría desarrollar sobre las costas de los ríos Neuquén y Río Negro. Si a esto sumamos que el municipio ya compró una porción considerable de tierras sobre la margen sur del Cür’rüg Leüfü donde funcionaba un espacio recreativo abierto al público (lugar que recibió históricamente a las infancias de la zona en momentos de escolaridad primaria), podemos asegurar que esta nueva embestida tiene un fin que contrasta directamente con el modo de vida ribereña que estas familias sostienen desde hace poco más de medio siglo.
A una semana del secuestro de “pu cahuell” (una yegua y dos potrillos), la comunidad continúa con la permanencia en la tranquera de la Policía Montada (a escasos metros del territorio comunitario). Con la representación de un nuevo abogado, la comunidad hizo varias presentaciones para poder destrabar esta situación violatoria de todo el marco legal nacional e internacional para la protección de los llamados Pueblos Indígenas.
Foto de portada: Hugo Espinoza y Luciana Castillo en la guardia permanente frente a la sede policial.
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