Regresa el sol a la tierra, a los ríos y a los árboles y a las semillas sembradas en los cerros y en los valles. Las estrellas brillan hoy en los sueños y en el aire abre un camino la luz nacida de nuestra sangre.
We Tripantu, poema de Jaime Huenún.
¡We Tripantü, We Tripantü! dicen los ancianos padres cantándole al nuevo sol que en sus corazones arde.
Y ya cuando el día muera y roja sea la tarde los hijos escucharán la voz de aquellos que parten hacia las viejas palabras de montes, cerros y valles, ocultos en los recuerdos que frente al fuego renacen.
En la cosmovisión mapuche-tehuelche el Wiñoy Tripantu marca “el cambio de ciclo, un nuevo ciclo”, el momento en que la luz comienza a ganarle terreno a la oscuridad tras la noche más larga del año. Es un renacimiento que se siente desde las raíces, un despertar profundo de la tierra que anticipa los brotes del año nuevo. Para conocer el sentido y la recuperación de esta ceremonia, desde Infoterritorial conversamos con Daniel Aillapan, poblador de la comunidad de Sierra Colorada, Chubut.
Escribe: Milena Escobar
Daniel tiene 55 años, se crió en este territorio de origen mapuche-tehuelche y hoy se desempeña como coordinador de turismo rural, siendo uno de los pioneros en practicar esta actividad en su comunidad. Él explica por qué el Wiñoy Tripantu constituye un pilar para la identidad de su pueblo.
La presencia de la comunidad en esta zona de montaña es el resultado de la llegada de los galeses a los valles de Trevelin. En aquel entonces, el gobierno nacional otorgó tierras de 500 hectáreas a cada familia galesa, mientras que las familias originarias que habitaban los valles fueron desplazadas hacia las zonas altas. Hoy ese mismo territorio alberga aproximadamente 170 habitantes, distribuidos en 53 familias, que mantienen vivas ceremonias como forma de resistencia.
El significado profundo del nuevo ciclo
El Wiñoy Tripantu es el corazón de esta cosmovisión. Según Daniel, “cuando la luz empieza a ganarle a la oscuridad, la naturaleza entera inicia una transformación. Las raíces comienzan a despertar. Es un despertar a nivel raíz”. Ese proceso subterráneo, explica, prepara el lugar para los brotes que vendrán con el avance del año.
La reconstrucción de una memoria silenciada
Llegar a este presente de celebración requirió un esfuerzo de memoria frente a décadas de invisibilización. “Estuvimos como 45 años sin hacer la ceremonia en la comunidad”, relata Daniel. No fue sino hasta hace seis años que decidieron retomarla por su valor para la identidad y el espíritu de la comunidad “Lo espiritual es para nosotros la columna de la vida” afirma. En ese proceso de recuperación, los más jóvenes se apoyaron en la sabiduría de sus mayores. “La gente mayor se puso al frente y nosotros detrás, aprendiendo”. El contacto y apoyo de comunidades vecinas como Lago Rosario y Cerro Centinela también fueron esenciales para llevar a cabo el Wiñoy Tripantu, transmitiendo los conocimientos de esta práctica milenaria para asegurar su permanencia en el territorio.

El ritual sagrado y el diálogo con los elementos
La celebración es un encuentro íntimo de pocas horas que tiene lugar entre el 21 y 24 de junio. La jornada comienza con la última oscuridad, para recibir la luz del día, con una orientación innegociable: el Este. “Nuestro punto es el este. Es del lado que sale el sol”, subraya Daniel, marcando una diferencia con la visión que prioriza el norte. A medida que el sol asoma, se inician los ruegos y agradecimiento por la vida que brinda cada jornada.
En este espacio, se agradece a la vida, al nacer y lo que da el sol. “Hay un momento donde se le agradece al agua, después está el momento donde le agradecemos al fuego. Nosotros con el fuego tenemos una conexión espiritual”, explica. De esta manera, los proyectos, sueños y agradecimientos son elevados hacia las alturas para que sean escuchados por Futa Chao (gran padre, creador) Durante la ceremonia, también se reserva un momento para invocar a los ancestros y pedir por el bienestar y el buen pensamiento de la familia, rindiendo honor a la Ñuke Mapu (Madre Tierra) por permitir habitar su creación.
Apertura comunitaria y participación de la sociedad
La organización del encuentro comienza con un mes de antelación para unificar criterios entre los vecinos. Además, hubo un cambio significativo en la historia reciente de la rogativa es su apertura a las personas no Mapuche, decidida tras notar que muchas personas sienten un llamado espiritual al descubrir raíces originarias en su genealogía. “No nos creemos con derecho a cortarle esa rama o esas ideas a alguien”, sostiene Daniel. La comunidad permite la participación de personas que no pertenecen a la comunidad, aunque bajo ciertas condiciones de respeto. Para asegurar el cuidado de la ceremonia, se realiza una pequeña entrevista previa a los invitados con el fin de instruirlos sobre la vestimenta y el comportamiento adecuado que la celebración exige.

Identidad y futuro: raíces potentes en el territorio
Sostener esta tradición anualmente tiene un impacto profundo en la fortaleza de la comunidad. “El propósito es que la población despierte y se convenza del valor del lugar que habita. Buscamos hacernos raíces potentes en nuestro lugar”, remarca Daniel.
Existe además un énfasis vital en la integración de las nuevas generaciones para combatir la desinformación de instituciones que sugieren que los pueblos originarios ya no existen. A través de la ceremonia, los jóvenes aprenden desde el saludo en su lengua materna hasta el Loncomeo(danza, estilo musical y rogativa de origen tehuelche-mapuche) esa música que, según Daniel, es “el corazón de los pueblos originarios aquí en la Patagonia”. De esta manera, el Wiñoy Tripantu se consolida como una conexión esencial para que la identidad para los pueblos Mapuche Y Mapuche-Tehuelche siga avanzando con la energía necesaria para los tiempos futuros.
Fotos: Roxana Sposaro
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