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Comunicado Comunidad Mapuche Tewelche “Vuelta del Río” en solidaridad con las Lof Melo y Lof Kinxikew

La Comunidad Mapuche Tewelche “Vuelta del Río”(Cushamen-Chubut) emitió un pronunciamiento en el que repudia la orden de desalojo contra las Lof Melo y Kinxikew, denuncia la desestimación de los relevamientos territoriales estatales y rechaza la criminalización de las demandas indígenas sobre el territorio ancestral.

Comunicado:

Mari mari kom pu che.

Nos han traído hasta aquí pretendiendo que callemos, pretendiendo que la resignación sea nuestro único lenguaje. Nos han querido convencer de que el problema somos nosotros. Pero hoy venimos a decir, desde lo que quedó en nuestra memoria y en defensa de nuestro territorio: el problema nunca fuimos ni seremos nosotros.

Durante décadas nos han encerrado en una trampa perversa, en un laberinto de falsedades donde el Estado y todos sus poderes muestran su cara más cínica. Para nuestros Pueblos Originarios, el Estado de derecho no existe: no es más que mentira en papel y que funciona bajo la arbitrariedad judicial que nos persigue, nos estigmatiza y pretende acusarnos de “usurpadores” en nuestro propio territorio, donde nacieron nuestros kuificheyem, nuestros abuelos y todos nuestros ancestros.

Esta encerrona se sostiene en trampas mentirosas que dejan al desnudo cómo todo lo que hacemos es criminalizado y desvalorizado por narrativas dominantes que solo buscan desalojarnos para entregar nuestra mapu al extractivismo, al negocio inmobiliario y al acaparamiento del latifundio. Por eso, si nos defendemos, nos llaman violentos; si no lo hacemos, nos van corriendo en silencio y nos despojan.

Si presentamos los papeles que el propio Estado emitió -las guías de leña, los boletos de marca, las actas de nacimiento-, nos dicen que no valen y nos mienten, nos cajonean y nos niegan la verdad que el tiempo demostró y que nuestros abuelos nos dejaron. Si vivimos en el pueblo, les molestamos; si vivimos en el campo, dicen que somos flojos; y porque necesitamos vivir como lo hicieron nuestros antepasados, nos tratan de terroristas.

Siempre buscaron corrernos de nuestra mapu. Nunca les alcanza ninguna prueba de nuestra preexistencia ancestral en los territorios; nunca comprenden la profundidad y sentidos que tiene el territorio para sostener nuestra vida comunitaria. Nunca empatizan con el sufrimiento, con las necesidades ni con el dolor de un genocidio histórico que el propio Estado perpetró contra el Pueblo Mapuche Tewelche. Nunca se nos reconoce por lo que somos: gente de la tierra.

Nos hicieron recorrer el camino de la Ley 26.160. El propio Estado nacional llevó a cabo el Relevamiento Territorial y confeccionó carpetas técnicas para nuestras comunidades. ¿Y qué hicieron con eso? Borran con el codo lo que escriben con la mano: hoy el mismo Estado desestima las carpetas, traiciona su propia legalidad y vuelve a avanzar con órdenes de desalojo y violencia para arrebatar el territorio en favor de intereses privados, inmobiliarios, extractivistas, latifundistas y magnates extranjeros.

Como Pueblos Indígenas sobrevivimos a una historia constante de expropiación y violencia. Gobiernos cínicos que construyeron discursos de odio a través de sus medios de comunicación nos acusan de “extranjeros” e inventan que queremos armar un país aparte, sembrando odio, sospechas y crueldad en la sociedad para justificar el saqueo impune de multinacionales y especuladores, porque los gobiernos no son más que cómplices y socios del saqueo.

¿Quiénes son los verdaderos usurpadores? ¿De quién proviene la violencia? De aquellos que jamás ponen la cara. Jueces y políticos cobardes, entreguistas y corruptos, que firman desalojos exprés desde la comodidad de un escritorio, nos persiguen criminalizando a nuestro pueblo y luego mandan a la policía. Estos hechos no se borran. Nunca los vamos a olvidar, ni los vamos a perdonar.

Hoy este despojo no es solo contra el Pueblo Mapuche-Tewelche. El mismo sistema estatal-capitalista que nos quiere arrancar el territorio para convertirlo en mercancía es el que esquilma al trabajador en las ciudades, al inquilino que ya no puede pagar un techo, al obrero al que le roban su único medio de vida, a las infancias, a los jubilados, a las personas en situación de discapacidad. Hoy pretenden vaciar los territorios y despojarnos de todo.

Nuestro territorio no tiene precio, no se vende, no se daña ni se contamina. No es moneda de cambio para sus negociados. Defender nuestro territorio es defender la vida de todos: de los que estuvieron, de los que estamos hoy y de los que vendrán mañana. ¡Marichiweu!

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