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Lof Cona-Torres en alerta tras fallo de desalojo

La comunidad Mapuche Tehuelche se encuentra en estado de alerta luego de que la Justicia provincial ordenara la “restitución” de las tierras que habita desde hace generaciones. La decisión judicial reavivó un conflicto que expresa la continuidad de un proceso histórico de despojo en la Línea Sur de Río Negro.

La sentencia, dictada el 24 de agosto por el juez Mariano Alejandro Castro -a cargo de la Unidad Jurisdiccional Civil N° 1 de Bariloche-, ordenó el desalojo de la comunidad del inmueble ubicado en el paraje Colitoro, a 75 kilómetros de Ingeniero Jacobacci, para “restituir” la posesión a Alfredo Abi Saad, quien inició la demanda en 2007.

El fallo argumenta que, tras la derogación del Decreto 805/2021 (vía Decreto 1083/2024) que prorrogaba la emergencia territorial de la Ley 26.160, finalizó la suspensión de los desalojos. Ante la ausencia de una ley especial que reglamente la propiedad comunitaria indígena (artículo 18 del Código Civil y Comercial), el magistrado concluyó que el reconocimiento constitucional de la preexistencia étnica no alcanza para frenar el derecho de propiedad privada del titular registral.

Desde la comunidad rechazaron de plano la resolución. Alertaron que, lejos de tratarse de un caso estrictamente judicial, el fallo se inscribe en una larga historia de expulsiones, impunidad y falta de reconocimiento estatal.

“Estamos pasando un momento difícil nuevamente. Volver a atravesar esto es como un recordatorio de todas las cosas que nos hicieron tanto daño”, expresó a Infoterritorial la Pillan Kushe María Torres, referente histórica del lof y del pueblo Mapuche Tehuelche en Río Negro.

Con el fallo judicial se sumaron episodios de hostigamiento directo en el territorio. Según denunció la comunidad mediante un comunicado, el pasado 19 de octubre detectaron alambres cortados, huellas de borcegos y rastros de vehículos pesados dentro del territorio comunitario, donde se ubican sus viviendas familiares, el rewe (espacio ceremonial) y el eltuwe donde descansan los restos del Lonko Luis Cona.

“Con tanta lluvia y el camino en malas condiciones, no alcanzaron a llegar hasta la ruka. Cortaron el alambre y el candado de la tranquera para pasar, pero se quedaron encajados en un zanjón que abrió el agua”, detalló María, quien asegura que entre los ocupantes había efectivos policiales, funcionarios judiciales y puesteros de Abi Saad, y que teme que cuando mejore el clima y la transitabilidad, el desalojo se concrete.

Continuidad del despojo

María Torres Cona es una referente espiritual y autoridad ancestral del pueblo Mapuche-Tehuelche, desempeñando el rol de Pillan Kushe. Se destaca por haber sido una de las impulsoras de la conformación del Consejo Asesor Indígena (CAI) y de la Coordinadora del Parlamento Mapuche Tehuelche de Río Negro, además de ser una figura central en su comunidad, la Lof Cona Torres. Su labor ha estado abocada a la defensa del territorio ancestral, la preservación de su lengua, el mapudungun, del patrimonio cultural y espiritual, y la defensa de los bienes naturales ante la amenaza extractivista, una trayectoria que ha sido formalmente reconocida por la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba.

Con su experiencia, vincula el conflicto actual con las prácticas de apropiación de tierras que marcaron históricamente a la región. “A mí me trajeron a Jacobacci y me regalaron, desgraciadamente, a los turcos. Así que me crié en la casa del hermano de Abi Saad”, recuerda. Esa experiencia, asegura, le permitió observar en primera persona las maniobras utilizadas contra las familias campesinas.

“Pude ver cómo le sacaban el campo a la gente que no sabía leer ni escribir. A través de la bebida, la emborrachaban y después le hacían firmar papeles que no entendían. Le hacían poner el dedo como firma para quitarle la tierra. Toda la vida usaron ese método para despojar a los pobladores”, afirmó.

La referente reconstruye también la historia familiar en el Paraje Colitoro. Relata que su suegro, Antonio Cona, nació en ese territorio y que allí crecieron su esposo y sus hermanos, dedicados a la cría de ganado. Con el paso de los años, la vulnerabilidad económica y las emergencias médicas desgastaron la permanencia en el lugar.

“Mi suegro quedó ciego y tuvieron que vender animales para afrontar tratamientos y viajes. Los hijos se fueron a buscar trabajo a otros lados y quedó mi esposo cuidando a su padre, a su familia y a los pocos animales que quedaban”, relató.

Según su testimonio, fue en ese contexto de extrema fragilidad cuando la familia Abi Saad avanzó sobre la posesión. “Ellos ya tenían la intención de sacarlo de ahí. Mientras él estaba sepultando a su primera esposa, le mandaron a quemar la casa. Por suerte los chicos andaban en el cerro y se salvaron. Después lo llevaron al pueblo con sus hijos y, mientras tanto, alambraron el campo durante la noche”, denunció.

“Sin tierra y sin agua no somos nada”

El Lof Cona-Torres recuperó el territorio en 2004 con el acompañamiento del Consejo Asesor Indígena (CAI). Desde entonces, las familias reestablecieron la cría de ovejas y caballos, la forestación del lugar y la práctica activa de su espiritualidad.

“Tenemos ancestros enterrados en el territorio y también un rewe donde cada 2 de febrero realizamos la ceremonia para reafirmar nuestra vuelta al campo. Nosotros pusimos árboles donde antes no había nada. El territorio es vida, porque queremos estar en nuestro lugar. Los animales nos dan carne, lana y corderos para vender y seguir mejorando el predio. Yo soy jubilada y hoy el dinero no alcanza; el campo es nuestro sustento”, explicó María Torres.

Paralelamente, la comunidad responsabilizó al Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI) por no entregar la carpeta técnica del relevamiento territorial realizado bajo la Ley 26.160, el cual concluyó hace más de una década pero permanece retenido por burocracia administrativa.

“Tenemos el relevamiento y todo el expediente, pero el INAI no nos entrega la Carpeta Técnica. Esa demora nos deja en total desamparo”, señalaron desde el lof, al tiempo que cuestionaron la celeridad para otorgar títulos privados: “Sabemos que los títulos los consiguen en la Dirección de Tierras, porque los poderosos ponen dinero y se los dan”.

Para la Pillan Kushe, el escenario que atraviesa su comunidad se replica en diversos puntos del país tras los cambios normativos impulsados tanto por el Poder Ejecutivo Nacional como el provincial. “No sólo nosotros estamos pasando por esto; hay muchas comunidades en la misma situación. Los atropellos son siempre parecidos. Este gobierno modificó leyes fundamentales, como la 26.160. Si no está a favor de los trabajadores que se levantan temprano todos los días, mucho menos lo estará de los Pueblos Indígenas”, sostuvo.

En alerta por fallo adverso, María Cona cerró con un llamado a la firmeza y a la unidad comunitaria: “No aflojemos, porque la tierra es todo para nosotros y, sin ella ni el agua, no somos nada. Las dos son vida: nos permiten desarrollarnos, ser felices y caminar libremente. ¿Por qué tenemos que estar presionados y con miedo? No somos gente mala ni agredimos a nadie. Aunque estemos lejos, tenemos que mantenernos unidos, porque la unión da fuerza para defender nuestro lugar”.

Foto de portada: Jaime Carriqueo. Pillan Kushe María Torres Cona.
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