El “Pueblo de La Toma” y la memoria viva en el corazón del Barrio Alberdi
Texto y fotos de Rocío Victoria.
En la víspera de un nuevo aniversario de la fundación de Córdoba, la “Comunidad del Pueblo de La Toma” llevó adelante su tradicional jornada de memoria, reconocimiento y resistencia. La fecha, elegida estratégicamente como un contrafestejo, marca el último día de libertad de los Pueblos Originarios de este territorio antes de la fundación hispánica de 1573.
Para las familias, ancestras y ancestros de esta comunidad, la fundación de la ciudad en 1573, en el territorio que antiguamente se conocía como Quisquisacate, significó el inicio de un proceso de reducción, despojo territorial y esclavitud. Aquel violento avance incluyó el reclutamiento forzado de la población indígena para la construcción de la toma de agua que proveería a la capital, un hecho que dio origen al nombre del histórico “Pueblo de La Toma”, que hoy identificamos como barrio Alberdi.



Una memoria que se construye desde el presente
A más de 20 años de iniciado el proceso de reconocimiento y recuperación de su identidad, la comunidad Camiare-camichingon se convocó para contrafestejar con convicciones claras.
La jornada tuvo su epicentro en el Antigal del Pueblo de La Toma, ubicado en la casa de la guardiana y sanadora Mafalda Tapia. En este espacio, muy cercano a las márgenes del río Suquía, la comunidad se reunió para realizar su ceremonia anual. Allí, el encuentro no fue solo un acto de recordación, sino una reafirmación de la preexistencia y la actual vigencia del pueblo en el territorio.
La actividad cobra especial relevancia frente a los hallazgos de restos óseos y arqueológicos en la zona de Alberdi, que funcionan como testimonios materiales de una cultura que resiste. A través de la recuperación de relatos de transmisión oral y la defensa activa de la memoria, la Comunidad del Pueblo de La Toma invita a la ciudadanía a mirar más allá de la versión oficial, para reconocer los cimientos ancestrales sobre los que se construyó la ciudad.
“El genocidio no nos mató a todos y el etnocidio no pudo ser total. El fuego de Sitón sigue encendido”

“Nos hemos acostumbrado a vivir en esta metrópolis y nos atrevemos a decir que muchos de nosotros la amamos sabiendo que somos parte de la Córdoba clandestina, encubierta y subversiva”
“Cuando alcanzamos el éxito, si es que lo alcanzamos, es importante que nunca nos olvidemos de dónde venimos”, señaló Jorge Ferrer Acevedo, uno de los curacas de la comunidad del Pueblo de la Toma.
En una gran ronda, Jorge Tapia, acompañado de su madre Mafalda Tapia, levantó la ceremonia que comenzó junto a la pirca y concluyó a orillas del río Suquía.
“Hacer vivencia, recuperar la noción de práctica, para que la memoria empiece a cultivarse porque está ahí, esperando que nosotros la cultivemos. Poner en práctica, prender un fuego, hacer un sahumo. De esa manera la memoria va a nacer de nuevo”, expresó su hermano, Sergio Ferrer Acevedo, quien también es autoridad de la comunidad.
“También este sahumo es para Delicia. Delicia es una hermana que ha desaparecido. Espero que hagan algo para que aparezca”, concluyó Audelina Saavedra Lara, curaca de la comunidad, en relación al caso de Delicia Mamani, que se investiga bajo la hipótesis de trata de personas en Córdoba.
Tras una breve caminata, llevaron sus ofrendas al río, el primero de los antiguos según la comunidad.
“Teniéndolo como testigo, clamamos desde allí nuestras necesidades como comunidad indígena, como por ejemplo la devolución de nuestra casona que un día el gobierno militar de la provincia expropió, o mejor dicho, apropió. Hay mucho por hacer, mucho por clamar y luchar”



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