El próximo 3 de agosto, mujeres originarias de diferentes comunidades indígenas en Jujuy emprenderán a pie un trayecto que atravesará seis provincias hasta la Ciudad de Buenos Aires. Denuncian la contaminación minera, el incumplimiento de la consulta previa, libre e informada y el secado de la Laguna de los Pozuelos y exigen proteger sus territorios ancestrales.
Caminar miles de kilómetros para defender el agua, la tierra y la vida. Con esa determinación, las mujeres del Kollasuyu darán inicio este 3 de agosto a la segunda Caminata de Warmis. El punto de partida será Rinconada, en la Puna jujeña, desde donde iniciarán un largo recorrido que cruzará Salta, Tucumán, Santiago del Estero, Córdoba y Santa Fe hasta llegar a las puertas de la Ciudad de Buenos Aires.
La movilización coincide con agosto, el mes sagrado en que las comunidades andinas rinden tributo a la Pachamama. Sin embargo, este año la celebración está marcada por el intento de sancionar el proyecto de ley de “inviolabilidad de la propiedad privada”. El Senado Nacional debatirá el 6 de agosto el marco normativo que amenaza con facilitar la entrega de territorios comunitarios y bienes comunes naturales a grandes capitales extranjeros. Este proyecto pretende flexibilizar las restricciones a capitales extranjeros en tierras rurales, reducir las limitaciones de uso de suelo en campos incendiados e implementa un mecanismo judicial acelerado para desalojos
Florencia Solís, mujer kolla y defensora ambiental de la Cuenca de Pozuelos, conoce de cerca el dolor de ver transformarse el territorio donde creció. La Laguna de Pozuelos -Monumento Natural, sitio Ramsar y Reserva de Biosfera de la UNESCO- atraviesa un deterioro crítico provocado por la actividad minera histórica y el avance de nuevos emprendimientos extractivos. “El ecosistema está totalmente contaminado, ya no quedan ni aves playeras. Nosotros vivimos del ganado lanar y no sabemos qué va a pasar; por eso estamos en alerta. Le prometí a la Pachita luchar por ella hasta el final y por eso hacemos esta caminata”, expresó Florencia en comunicación con infoterritorial.

Las comunidades denuncian que la actividad minera -tanto histórica como en la mina Pan de Azúcar y el proyecto Chinchillas- como la creciente fiebre del litio han afectado las fuentes de agua subterráneas y superficiales. En una cuenca cerrada como la de Pozuelos, el consumo masivo de agua por parte de las empresas y el vertido de metales pesados secan las lagunas y contaminan los cauces de los que beben las familias y sus animales. Para el pueblo Kolla, la pérdida de los pastizales y del agua limpia representa una amenaza directa a su sustento, a su salud y al arraigo de sus jóvenes, quienes muchas veces se ven obligados a migrar a las ciudades.
Sin embargo, para Solís esta problemática excede el territorio que habita y responde al avance de “la ultraderecha” y el modelo “neoliberal”: “hay muchos médicos mal pagados, faltan agentes sanitarios y medicamentos. En la educación pasa lo mismo, todo se está desmantelado. Esto está pasando desgraciadamente en todo nuestro Abya Yala”.
A pesar de haber presentado petitorios formales, en el contexto de la primera caminata en el año 2025, ante la Dirección Provincial de Recursos Hídricos, la Secretaría de Pueblos Indígenas y la Secretaría de Minería de Jujuy, las comunidades señalan que no han recibido respuestas concretas.”Encajonan nuestras notas, las tiran a la basura y se olvidan. Piensan que nos vamos a cansar o se ríen de una, pero nosotras no nos cansamos y vamos a seguir luchando”, afirmó Solís.
Frente al discurso oficial que promueve la extracción de litio en nombre de la “transición energética”, las caminantes, testigos en primera persona de la degradación ambiental y la pérdida de sus territorios, sostienen con certeza : “Nos quedamos sin agua y contaminados. Nosotros decimos que no comemos baterías”. Florencia reproduce y práctica a contramano de la barbarie que enfrenta: “yo opino de que la tierra es como una torta donde todos tenemos que compartir las porciones iguales, y no para los grandes latifundistas mucho y para otros nada”.

La marcha que inicia en Rinconada busca tejer redes de solidaridad entre comunidades campesinas, urbanas e indígenas a lo largo del país. Para las Warmis, marchar es un acto de visibilización de su lucha y del amor hacia las futuras generaciones: “Queremos visibilizar esta realidad para que la sociedad reaccione. Tenemos que seguir unidas y con fuerza para que las nuevas generaciones sepan que es posible hacer un mundo mejor”, concluyó Solís.
Con el objetivo de financiar los gastos de traslado y logística de la Caminata por la Pachamama, la organización de mujeres lanzó una rifa solidaria abierta a toda la comunidad. Cada número tiene un costo de $3000 y se puede solicitar comunicándose al teléfono 1164898513 o mediante sus redes sociales. La recaudación de los premios -donados por colaboradores comprometidos con la defensa del medioambiente- se sorteará durante la segunda semana de septiembre. Quienes deseen apoyar la causa, ya sea adquiriendo un número o realizando una donación directa para contribuir a este esfuerzo colectivo por el cuidado del planeta, pueden hacerlo a través del alias caminata.warmis.


Fotos: Facebook @caminata.warmis
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