Audiencia silenciada y promulgación de la modificación de la Ley de Glaciares
El 24 de abril, mediante el Decreto 271/2026, el gobierno nacional promulgó la reforma de la Ley de Glaciares. La nueva norma modifica la Ley 26.639, vigente desde 2010, redefiniendo el objeto de protección de los glaciares y del ambiente periglacial.
La reforma fue aprobada desoyendo a miles de voces que reclamaban la protección del agua. Más de 100.000 personas se inscribieron para participar en la audiencia pública, pero solo 400 fueron convocadas a exponer de manera presencial o virtual, aunque finalmente intervino un número menor. El objetivo era recoger aportes de especialistas, organizaciones ambientales, Pueblos Originarios y ciudadanos para que los legisladores los consideraran antes de votar.
Tras la sanción, diversas organizaciones ambientales convocaron a sumarse a la demanda colectiva más grande de la historia, denunciando la inconstitucionalidad de la reforma. La campaña de adhesiones ya reúne más de 867.000 firmas.
Desde Esquel, Elvira Gauna -Médica generalista del Sistema Público de Salud y habitante de la cuenca glaciaria del Río Chubut- reflexiona con estas palabras:
Si la Cámara de Diputados de la Nación me hubiera convocado a hablar en la Audiencia Pública por la ley de Glaciares hubiera dicho cosas como estas explicando mí, NUESTRO NO.
Porque sufrimos la tierra cada vez más seca, los voraces incendios y la pérdida de vida a raudales con ellos. Porque el arroyo de mi ciudad no serpenteó este año entre nosotros, y juntamos bidones de agua por cortes programados, por primera vez. Cambio climático, crisis hídrica que le llaman.
Porque escuché la exposición de mi amiga Daniela en el conversatorio público por la Ley de Glaciares. Allí decía que su modificación amenaza directamente nuestra supervivencia. Que el agua de nuestra provincia depende directamente de esos cuerpos de hielo (glaciares y su ambiente periglaciar). Que la reforma de la Ley es regresiva y viola los derechos ambientales consagrados en las constituciones nacional, provincial y tratados internacionales a los que adhiere nuestro país. La reforma nos deja a merced de los intereses corporativos extractivistas megamineros.
Porque vi los gráficos del IANIGLA (Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales) donde se concluye que 1/3 de la superficie del país y siete millones de compatriotas dependemos del aporte hídrico de glaciares y zonas peri-glaciares. Allí nuestra provincia, Chubut, se observa íntegramente dependiente de los hielos que forman las cuencas del río Chubut y río Senguer. Porque mi familia de la ardiente Santiago del Estero también depende de cuencas glaciares. No lo sabía, lo aprendí este año.
Porque escuché a la socióloga e investigadora Maristella Svampa desmitificar esto de que somos un país verde y fértil, diciendo que somos el octavo país en superficie en el mundo, y también el octavo en territorio desierto, con el 70% de superficie árida o semiárida. Aquí los habitantes de las proximidades cordilleranas vivimos en emergencia hídrica hace un tiempo en la medida que el calentamiento global aumenta –como aumenta el extractivismo minero y los desmontes-.
Porque la diputada nacional (y física) por Río Negro, Adriana Serquis, nos advertía días atrás sobre el riesgo para los habitantes de Chubut si la ley se modifica. En tal caso el gobierno de Río Negro podría decidir sobre los glaciares de Cerro Carreras, origen del río Chubut.
Porque sabemos que donde había un lago ahora hay sólo vientos de arena. En la región sur de nuestra provincia, en zona de extractivismo petrolero, el lago Colhué Huapi ha muerto.
También participé de charlas y conversatorios para aprender más. Así comprendí la controversia entre los artículos 41 y 124 de la Constitución Nacional. El artículo 124 define lo que les corresponde a las provincias en términos de recursos naturales (bienes comunes). Pero el ambiente es más que “los recursos naturales”, y las personas tenemos derecho a un ambiente sano y sustentable, y el deber de protegerlo, tal reza el artículo 41.
Porque soy médica y prometí ante todo no dañar, cuidar y acompañar la vida. Porque hablar de seres vivos sanos en territorios enfermos es una contradicción en sí misma.
Porque somos agua, soy agua, mi hija es agua de mi agua. Así, difícil aceptar nuestro sacrificio en pos de la riqueza de unos pocos. Nuestra muerte programada como “daño colateral”.
No aceptamos la arbitrariedad del intento de poner los intereses de capitales transnacionales por sobre nosotros. No queremos morir lentamente de sequía, contaminación y tristeza.
Por soberanía, por dignidad, por justicia, por autodeterminación, por la vida nuestra y de las futuras generaciones.
Vos ¿qué hubieras dicho?
#Laleydeglaciaresnosetoca
Foto: Roxana Sposaro
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