En tiempos difíciles, cómo fortalecer la lucha por los derechos indígenas

Escribe Silvina Ramírez

                                                                                                    

En escenarios políticos complejos, atravesados por desmovilización y desconcierto de diversos sectores que en otras épocas supieron reaccionar con reclamos organizados, presencia permanente en las calles y articulación, asistimos -en tiempo presente- a ausencias de respuestas a políticas públicas que permanentemente socavan los derechos adquiridos y avanzan hacia modelos de país que lejos están de construir igualdad.

En el caso de los Pueblos Indígenas, el avance de políticas negadoras de derechos indígenas se conjuga con fragmentación, debilitamiento de las organizaciones indígenas, persecución y criminalización, dificultades en la judicialización. Todo lo cual configura un estado de situación hostil que, de acuerdo con mi perspectiva, debe ser revertido a través de micro acciones. No es posible hoy imaginar transformaciones estructurales, cambios radicales, movimientos que impacten de raíz en el actual modelo. Sólo resta confiar en la acumulación, y en cursos de acción que puedan contribuir a gestar otros horizontes.

Desde la mirada no indígena -la mía- una de las claves es la simultaneidad de acciones. Desde diferentes frentes, e involucrando la mayor cantidad de actores posibles. Si bien no sería admisible definir las acciones que deben seguir las comunidades indígenas, porque son ellas las que tienen que decidir sobre cuál debe ser su rol en este contexto, parecer ser que una mayor organización es deseable para oponerse, con mayor fuerza, a decisiones políticas profundamente excluyentes.

Por otra parte, algo que no por obvio dejar de ser relevante de señalar, deben construirse alianzas nuevas y profundizarse las ya existentes. Organizaciones indígenas, sectores ambientalistas, sectores de trabajadores (desde diferentes formas organizativas) deberían hacer confluir sus luchas para que, en lugar de múltiples batallas desperdigadas, puedan sumarse para construir una única lucha que revindique multiplicidad de objetivos y derechos.

Dentro de las diferentes estrategias, la estrategia jurídica no es menor. No obstante, el Poder Judicial históricamente no se ha caracterizado por su independencia, y su alineamiento al poder político es una realidad, existen -todavía- nichos de dignidad que pueden ser utilizados en una contienda tan compleja. La judicialización de los conflictos sigue siendo una alternativa válida y, afortunadamente, siguen existiendo decisiones judiciales que avalan redoblar los esfuerzos para alcanzar resoluciones protectoras de derechos indígenas.

Hace casi tres décadas atrás pensábamos que la construcción de una jurisprudencia favorable en la defensa de los derechos indígenas sería un aporte imprescindible para garantizar su implementación. En la actualidad, las expectativas disminuyeron, pero la idea general sigue manteniendo su sentido. Estamos lejos de alcanzar esa jurisprudencia “garantista” pero, lentamente, se va configurando una suerte de “caminito de hormigas”, en donde algunas sentencias favorables permiten abrir la puerta a otra realidad, todavía lejana pero posible.

En definitiva, no todo está perdido. Urge reflexionar, debatir, cambiar algunos cursos de acción, definir lo que hoy es factible construir y alcanzar, y no perder de vista los objetivos que se persiguen. Son tiempos difíciles, que también están sujetos a cambios a mediano plazo.

Foto: Roxana Sposaro


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