Día de la Madre Tierra: Por cuerpos y territorios sanos

Por Martina Vergara, activista ambiental.

En el Día Internacional de la Madre Tierra, la efeméride nos invita a posicionarnos: repensar la manera en que habitamos el cuerpo, que es nuestro primer territorio. No hay separación posible entre la salud de los ecosistemas y la vitalidad de quienes lo habitamos. Sin embargo, cuando leemos noticias sobre nuevos desalojos a comunidades indígenas y campesinas, olvidamos que son justamente ellas quienes resguardan el equilibrio que garantiza la salud humana y de todos los seres vivos.

¿En quiénes recae la responsabilidad de cuidar la tierra? ¿Es una cuestión de propiedad privada o un deber del Estado? ¿Acaso tenemos responsabilidades ambientales comunes pero diferenciadas? En definitiva: ¿Transcurrimos una época donde la Tierra tiene dueños?

La refeudalización del mundo

Rita Segato, escritora y antropóloga argentina, profundiza en esta última pregunta:

“Esta es una época donde hay dueños de la Tierra. Ya hablar de desigualdad es poco. Es como una refeudalización del mundo donde el grado de la concentración de la riqueza y el hecho de que se haya abandonado esa ficción institucional[…]Hoy los políticos son los propios empresarios, son las propias élites qué están en el Estado. Ocupando el papel de la política. En este momento el espectáculo de los dueños y de una refeudalización del mundo está muy claro, donde hay dueños de la vida y de la muerte, dueños que por su capacidad de compra pueden decidir el destino de las personas”.

Esta concentración del poder no es azarosa, sino que responde a una estructura global que sacrifica el Sur Global en pos del desarrollo del Norte Global.

En conversación con Damián Verzeñassi, Médico y Director del Instituto de Salud Socioambiental de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), define este fenómeno como la “Geopolítica de la enfermedad”:

Damián Verzeñassi Foto: Huerquen

“Es un proceso bien planificado de limpiar el Norte Global que después de la Segunda Guerra Mundial desarrolla económicamente un gran poder, también le da poder militar a costa de la destrucción de sus territorios. Y eso viene de la mano de todo un proceso de destrucción de las democracias y de los procesos populares en América Latina y en África que garantiza un endeudamiento económico que pone de rodillas a nuestros países ante el poder económico que es el poder militar mundial”.

Espejismo del progreso

Bajo el espejismo del progreso y la promesa de divisas, aceptamos modelos productivos que erosionan nuestra soberanía. Recibimos con brazos abiertos el extractivismo desde la megaminería y el agronegocio transgénico hasta el hidrógeno “verde”, el fracking y la destrucción de los salares por el litio bajo un discurso de necesidad económica.

Actualmente, marcos normativos como el RIGI (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones) profundizan esta lógica: entregamos el agua, los suelos y la calidad del aire a cambio de una rentabilidad que nunca derrama en el territorio. Lo que queda es la enfermedad; lo que se entrega es la vida misma.

Terricidio: El ataque a todas las formas de vida

En esta misma línea de pensamiento, en conversación con Moira Millán, Escritora y Weychafe Mapuche, nos explica el concepto de Terricidio:

Moira Millán Foto: Roxana Sposaro

“Es un concepto que sintetiza todas las formas de eliminar la vida que ha creado el sistema y como a su vez al ver la eliminación de esas fuerzas vitales de esas vidas podemos comprender y entender la dimensión que todas las vidas importan y como todas ellas se entrelazan. Terricidio es una palabra que contiene adentro de sí el ecocidio, genocidio, epistemicidio, feminicidio, travesticidio, todas las formas en que la vida es agredida de manera constante”.

Para las comunidades que resisten, el territorio no es un depósito de recursos para el saqueo, sino un espacio de identidad y conexión espiritual. Como señala Millán:

“Las naciones indígenas, que están en territorio, están siendo guardianes y guardianas de los ecosistemas que habitan allí, también, por una cuestión de compromiso a los Kwifikeche (ancestros y ancestras) que nos dejaron el legado de cuidar nuestros territorios. Para todos nosotros, los pueblos indígenas, el territorio no es un mero espacio de producción, de saqueo, como lo entiende Wingkalandia (criollos), sino que el territorio es un espacio de construcción identitaria y de conexión espiritual”.

Hacia una política de la vida

En definitiva, la crisis climática y la pérdida de biodiversidad conlleva un cambio profundo en la matriz de poder. Un territorio sano solo puede existir si tenemos un modelo de producción que sea saludable, que respete los ciclos de la naturaleza y que esté sostenido por políticas públicas que no vean al suelo como una mercancía, sino como el sustento de la existencia.

La democracia en América Latina y África hoy está en jaque por el endeudamiento y la falta de consulta pública real sobre el destino de nuestros bienes comunes naturales. Para sanar nuestros cuerpos, debemos primero dejar de herir la tierra. La defensa del agua y del suelo no es una causa aislada: es la última línea de defensa de nuestra propia humanidad.

Por cuerpos y territorios sanos.

Foto de portada:Natalia Roca – MINGA

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