Palma Sola: la tierra en disputa
En el paraje Las Goteras, en Palma Sola (Jujuy), dos familias campesinas enfrentan una orden de desalojo que amenaza con romper décadas de arraigo y producción autogestiva en el monte chaqueño.
La jueza Mirta Del Milagros Vega, del Juzgado Civil y Comercial de San Pedro de Jujuy, dictó el pasado 23 de abril una sentencia que ordena el desalojo de Vicenta Robles, de 74 años, y de su hijo Guillermo Zenteno, junto a su pareja Rufina Palma, sus hijos y su sobrino, de 6, 9 y 14 años; aunque la medida aún no está firme y será apelada.
Vicenta vive allí desde hace más de 45 años. En ese tiempo convirtió una zona devastada por la deforestación en un espacio productivo y comunitario: sembró maíz, zapallos, verduras, crió animales y transmitió saberes a su hijo y nietos, generaciones que continúan en el lugar. “Nosotros siempre estuvimos tranquilos, aquí no venía nadie, nosotros no conocemos dueños”, afirma Rufina, quien desde hace más de dos décadas convive en la finca con Guillermo.
Pero desde el fallo judicial, las familias viven en constante alarma. En comunicación con infoterritorial, Rufina relató que el 30 de abril tres hombres vestidos de civil llegaron hasta su vivienda. La excusa fue la entrega de una notificación, pero el tono cambió cuando notaron que la familia registraba el encuentro. La situación se tornó más inquietante cuando notaron que uno de los hombres parecía llevar un arma y la camioneta tenía la patente tapada. Rufina llamó a su abogada y a la policía. “Yo digo que lo hicieron como excusa, para llegar a mirar y asustarnos. Cuando se dieron cuenta de que tenemos señal porque tenemos paneles solares y wifi, y de que estábamos grabándolos y llamando a la abogada y a la policía, ahí nomás me dijeron que era un censo, que no me preocupe, que no era nada grave”, relató la campesina.
El Movimiento Nacional Campesino Indígena CLOC – Vía Campesina denunció que detrás del intento de desalojo existen intereses vinculados al negocio inmobiliario y forestal. Rufina advierte que la finca constituye el principal medio de subsistencia para las familias campesinas: “Nosotros tenemos alambrado, potrero, criamos ovejas, todo lo que es para vivir en el campo porque el campo es lo que nos da todo”.
Por su parte, Samanta Delgado, abogada de la familia, cuestionó que la resolución judicial se haya orientado directamente hacia el desalojo, en lugar de abrir instancias de diálogo que permitan abordar el conflicto de manera justa y participativa.
Soberanía alimentaria
La vida en Las Goteras se sostiene con esfuerzo y autonomía. Rufina describe la economía de subsistencia que sostienen: “Yo laburo desde que estoy aquí como doble persona, mujer y hombre. Sé cortar con la motosierra, armar una casa, criar animales, producir leche, queso, artesanías. Yo no espero que venga otro a hacerlo, yo me lo hago. Nosotros vivimos de la naturaleza: si no tenés azúcar, buscás miel, sembramos zapallo, maíz, batatas. Criamos animales, saco leche, hago dulce de leche, queso, quesillo, y todo lo que es artesanía, costuras, lazos.
En una región donde el desmonte avanza sin tregua, este territorio se mantiene como si fuera una reserva natural gracias al cuidado campesino. Especies nativas, como cedros, quinas y palos blancos, entre otros, crecen bajo la vigilancia de quienes entienden que el monte vivo garantiza la supervivencia de sus animales y la pureza del aire.
Este nuevo conflicto territorial revela una deuda histórica del Estado en la titulación de las tierras que las comunidades campesinas habitan desde hace generaciones. Mientras las familias sostienen con esfuerzo la producción y garantizan soberanía alimentaria en un contexto cada vez más desigual, empresarios con intereses especulativos acceden a títulos cuestionables que no acreditan la posesión y reclaman esas tierras como propias. En paralelo,el Poder Judicial suele tratar estos casos como trámites burocráticos, donde un papel pesa más que la vida y la subsistencia construida durante décadas. Rufina lo resume con claridad: “Una tiene que cuidar la tierra, nosotros la cuidamos tantos años porque uno no quiere la tierra para destrozarla. Una de eso vive y produce. No entiendo por qué hay gente que quiere destruirla”.
La apelación judicial será clave para definir el futuro de estas familias. Mientras tanto, la incertidumbre convive con la firmeza de quienes defienden su derecho a permanecer en el territorio. “Yo jamás cambiaría el campo con irme al pueblo. Yo soy feliz donde vivo”, asegura Rufina, con la convicción de que el dueño de la tierra es quien cuida y la trabaja.
Foto: Vicenta Robles – Gentileza Movimiento Nacional Campesino Indígena CLOC – Vía Campesina
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